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martes, 14 de enero de 2014

SUEÑO O AVENTURA...


Hace unos días me toco ir al cine, la idea original era ver cine de arte en la cineteca, pero ya era tarde para alcanzar un horario decente, considerando las distancias y el día, un domingo.

Así que fue cine comercial. La elegida: La increíble vida de Walter Mitty que en su reseña dice:

Este Walter Mitty (Stiller), editor de fotografía de una revista, es un soñador moderno que toma unas habituales vacaciones mentales de su aburrida existencia, una vez que desaparece en un mundo de fantasías electrizadas por un heroísmo galante, un romance apasionado y victorias constantes sobre el peligro. Pero cuando Mitty y la compañera de trabajo que ama de manera secreta (Kristen Wiig) están en peligro de perder sus respectivos trabajos, Walter deberá de hacer lo inimaginable: tomar al toro por los cuernos y emprender un viaje mundial más extraordinario de lo que jamás haya podido soñar en su vida.

Está inspirada en el personaje literario esposo mandilón, que en el cuento de James Thurber imaginaba todo tipo de historias heroicas mientras acompaña a su esposa de compras, es ahora un empleado de la revista Life. Dentro del imaginario colectivo norteamericano, el apodo “Walter Mitty” está reservado a quienes habitan en sus propias fantasías, abstraídos de la realidad. En este sentido, y según las críticas al respecto, el guión se basa no tanto en el cuento homónimo de 1939, ni en anteriores adaptaciones al cine, sino en la mera esencia de un hombre que vive todo tipo de aventuras en su cabeza, pero que en realidad nunca ha ido a ninguna parte. 

Pero, ¿quién no sueña despierto? 

No tanto para abstraerse de la realidad, que no tendría nada de malo, quizá para soñar algo que no te animas a hacer.

Es en esos momentos cuando tomas tiempo para ti y tus sueños. O permites que tu mente vuele para poder aterrizar con esa idea que te hacía falta para darle toque final a tu plan.

Lo que también muestra la película es como el personaje deja de soñar un poco, debido a lo que está obligado a hacer por cumplir con su trabajo, dejando a tras su timidez y su falta de aventura.

Dicen que la rutina no es mala, de hecho es buena hasta cierto punto, pero esas aventuras que nos animamos a volver realidad son las que nos hacen gritar de emoción. Para muestra el comercial de una marca de refresco, espero hayan visto, donde invitan a varias personas a aventarse de paracaídas sin razón alguna, solo por el hecho de ser aventureros y espontáneos. ¿Qué tal las emociones de los chav@s al pisar tierra de nuevo? Sencillamente increíble…

Ese primer paso es lo que cuesta trabajo, después se hace más fácil elegir cuál es el siguiente sueño en la lista o en que aventura embarcarnos. Y si tu gran pero es el aspecto económico, déjame decirte que muchas de las cosas que valen la pena no cuestan, aunque se lea como comercial.

Volviendo a la película, una de las cosas que me llamo la atención es que Walter crea su perfil en una página personal, dejando varios espacios en blanco, solo con la información básica. Cuando revisa y revisa simplemente no puede contactarse con la chava que le interesa, además de no tener visitas. Entonces llama para que le ayuden a contactar con la chava, pero le piden crear un perfil más interesante aun si tiene que exagerar un poco sus experiencias. Conforme se le van presentando las situaciones que tiene que afrontar esta en contacto con el asesor de su página personal y le va contando donde está y que hace; al principio no le cree nada, simplemente supone inventa para llamar la atención en su perfil, pero llega un momento en que se conocen y descubre que todo lo que le conto Walter es verdad, nada era inventado.

Quizá no es la mejor película para muchos de los críticos o, como leí varias veces, no saben en qué genero clasificarla. Simplemente la idea de animarte a una aventura, protagonizada en un sueño despiert@, es un buen mensaje para comenzar el año y un buen compromiso para todo el 2014.





miércoles, 4 de diciembre de 2013

LA CULPA, TOMALA O DEJALA...



Las abuelas son sabias y para muestra basta un botón: “el valiente vive hasta que el cobarde quiere”.

Muchos de nosotros (“los cobardes”) preferimos “llevar la fiesta en paz” antes de provocar un conflicto, esperando que nuestras acciones hagan saber o entender a la otra persona que lo que hace no está del todo bien o que al menos está afectando intereses ajenos.

Ese “valiente”, no siempre es el típico tirano que a la fuerza hace valer lo que dice (que todavía los hay en estos tiempos), también existe el que te crea culpa para que asumas que tu eres el del problema y el está en lo correcto, o que le “des una mano” para librar el lio en que se metió por cuenta propia.

Las situaciones que se viven en este tipo de ambiente se repiten tanto que llegan a convertirse en una rutina donde se puede asumir que todo está bien tal cual esta y que no se requieren cambios, esto aun estando consciente que no es del todo cierto.

Ejemplos hay demasiados, sobre todo en el ambiente laboral, tanto de jefes “valientes” en exceso hasta empleados “cobardes” que les gusta serlo.

Y aquí es donde entre la culpa.

El sentimiento de culpa es una de las emociones más destructivas, y la mayoría de las personas la experimentan en mayor o menor grado, tanto si es por algo que ha hecho como por algo que no ha sido capaz de hacer.

La predisposición a sentirnos culpables, como consecuencia a ser “cobardes”,  puede haberse originado en la infancia, especialmente si tenía el tipo de padres o profesores que hacían sentir culpables por cada falta, por pequeña que fuera.

Cuando crecemos y empezamos a tomar conciencia de nuestros actos o palabras ahí entra en juego otra situación no medimos las consecuencias de lo que hacemos, la pubertad nos trae el cerebro al 1000% para irnos de “pinta”, probar el cigarro y/o cerveza. Pero ¿qué pasa cuando llegas a tu casa? El regaño de los padres y la famosa culpa aparece de nuevo.

Luego comienzan las relaciones de pareja, las situaciones que vamos viviendo y aprendemos a manipular para hacer sentir culpable a el/ella, por no habernos llamado, por no pensar primero en nosotros, por ser tan celosa, y por mil cosas. Las lagrimas, los enojos, la “ley del hielo” son ideales para crearles el sentimiento de culpa y hagan todo lo posible por arreglar lo que no está bien.

En el ambiente laboral la culpa aparece de nuevo. Cuantas veces tu jefe no te ha hecho dueñ@ de sus errores y te pide solucionarlo so pena de empezar a tomar medidas radicales. Pero aquí entra en juego algo mas, es tu trabajo y tu ingreso, no puedes hacer como con el novio que le sueltas las lagrimitas y te pide perdón  no,  aquí es algo mas lo que pones en riesgo  si no aceptas la culpa de alguien más. Es dejar que el “valiente” siga viviendo. Hasta que te armas de valor y decides dejar algo que no te conviene para buscar lo que permita revalorarte y, por supuesto, encontrarlo.

Es evidente que hemos cometido errores en el pasado, como todo el mundo. Todos podemos recordar acciones que desearíamos no haber hecho o palabras que preferiríamos no haber pronunciado. Recordar los errores del pasado es útil sólo cuando aprendemos de ellos. Mirar atrás para aumentar el sentimiento de culpa supone un gran derroche de energía. Sería mucho mejor darle la vuelta a esa energía y emplearla para algún propósito más positivo. Como el dejar de ser  “cobardes” y empezar a tomar decisiones que sean en nuestro beneficio, principalmente, sin afectar los intereses de los demás.