Mostrando entradas con la etiqueta necesidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta necesidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de octubre de 2015

Desde las necesidades basicas....

Han escuchado hablar de la Pirámide de Maslow?..no, no esta en Egipto si lo estaban pensado, esta es una pirámide donde la base se trata de las necesidades básicas de las personas, a partir de eso desarrollamos nuevas y más diversas necesidades, pero estas solo necesitan nuestra atención cuando las básicas están cubiertas, un ejemplo muy sencillo, si queremos jugar futbol q es lo básico que necesitamos..? un balo, ya cubierto esto, podemos brincar a otras necesidades como el lugar, uniformes, etc; pero no podemos pensar en las superiores sino contamos con la básica cubierta; ahora bien, siempre podemos están subiendo y bajando de acuerdo al crecimiento que tengamos.

El movimiento entre las necesidades, se realiza mediante las fuerzas de crecimiento, que son los movimientos que cubren necesidades inferiores y empujan al individuo a las necesidades superiores y las fuerzas regresivas, que son aquellas que eliminan necesidades superiores y empujan al individuo hacia las necesidades más básicas.
Ahora bien, quizás se pregunten xq hablar de este tema, pues bien, la semana pasada hable con alguien que me hizo pensar en esto, esta persona necesito bajar escalones en su pirámide, no podía aspirar a niveles superiores pues sus bases no estaban cubiertas, de ahí que quisiera escribir de esto.

Ahora bien, la pirámide está compuesta por 5 niveles:
Necesidades básicas

En las necesidades básicas se incluyen las necesidades fisiológicas básicas para mantener la vida humana y la supervivencia de la especie. En estas necesidades básicas encontramos las funciones básicas de alimentación, respiración e hidratación, dormir, refugio, evitar dolor e incluso ir al baño.
Necesidades de seguridad y protección

Una vez cubiertas y compensadas las necesidades básicas, en los individuos aparecen las necesidades de seguridad y protección. Tenemos por ejemplo la seguridad física, en la salud de los individuos, en la necesidad de cobertura del empleo, mantenimiento de ingresos u obtención de recursos.
Necesidades de afiliación y afecto

Dentro del tercer nivel, y quizás uno de los más difícil de llenar por el tipo de sociedad en la que estamos inmersos, se encuentra el desarrollo afectivo de las personas y los niveles relacionales de la sociedad, como actividades deportivas, culturales y recreativas, el amor, amistad; después de todo, somos sociales por naturaleza.
Necesidades de estima
Aquí tenemos 2 tipos, una alta y otra baja.
La estima alta concierne a la necesidad del respeto a uno mismo, el cuidado de nuestro yo y las necesidades de comunicación interna y auto comprensión que los individuos tenemos sobre nosotros mismos. Dentro de estos sentimientos propios nos encontramos con la confianza, competencia,  logros, independencia y libertad.
La estima baja concierne al respeto de las demás personas y a la traslación de las necesidades de estima alta al resto de interacciones sociales. Necesidad de atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad, fama, gloria, e incluso dominio sobre el resto de los individuos.
La carencia de estas necesidades se refleja en una baja autoestima y el complejo de inferioridad, al igual que el exceso de muchas de ellas, también es un origen de graves psicopatologías en muchos individuos.

Autorrealización
Este último nivel es algo diferente y Maslow utilizó varios términos para denominarlo a lo largo de toda su vida tales como “motivación de crecimiento”, “necesidad de ser” y “autorrealización”. En este nivel se encuentran las necesidades más elevadas, se hallan en la cima de la jerarquía, y a través de su satisfacción, se encuentra un sentido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad.

Sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de las personas, pues la necesidad satisfecha no genera comportamiento alguno.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

LA CULPA, TOMALA O DEJALA...



Las abuelas son sabias y para muestra basta un botón: “el valiente vive hasta que el cobarde quiere”.

Muchos de nosotros (“los cobardes”) preferimos “llevar la fiesta en paz” antes de provocar un conflicto, esperando que nuestras acciones hagan saber o entender a la otra persona que lo que hace no está del todo bien o que al menos está afectando intereses ajenos.

Ese “valiente”, no siempre es el típico tirano que a la fuerza hace valer lo que dice (que todavía los hay en estos tiempos), también existe el que te crea culpa para que asumas que tu eres el del problema y el está en lo correcto, o que le “des una mano” para librar el lio en que se metió por cuenta propia.

Las situaciones que se viven en este tipo de ambiente se repiten tanto que llegan a convertirse en una rutina donde se puede asumir que todo está bien tal cual esta y que no se requieren cambios, esto aun estando consciente que no es del todo cierto.

Ejemplos hay demasiados, sobre todo en el ambiente laboral, tanto de jefes “valientes” en exceso hasta empleados “cobardes” que les gusta serlo.

Y aquí es donde entre la culpa.

El sentimiento de culpa es una de las emociones más destructivas, y la mayoría de las personas la experimentan en mayor o menor grado, tanto si es por algo que ha hecho como por algo que no ha sido capaz de hacer.

La predisposición a sentirnos culpables, como consecuencia a ser “cobardes”,  puede haberse originado en la infancia, especialmente si tenía el tipo de padres o profesores que hacían sentir culpables por cada falta, por pequeña que fuera.

Cuando crecemos y empezamos a tomar conciencia de nuestros actos o palabras ahí entra en juego otra situación no medimos las consecuencias de lo que hacemos, la pubertad nos trae el cerebro al 1000% para irnos de “pinta”, probar el cigarro y/o cerveza. Pero ¿qué pasa cuando llegas a tu casa? El regaño de los padres y la famosa culpa aparece de nuevo.

Luego comienzan las relaciones de pareja, las situaciones que vamos viviendo y aprendemos a manipular para hacer sentir culpable a el/ella, por no habernos llamado, por no pensar primero en nosotros, por ser tan celosa, y por mil cosas. Las lagrimas, los enojos, la “ley del hielo” son ideales para crearles el sentimiento de culpa y hagan todo lo posible por arreglar lo que no está bien.

En el ambiente laboral la culpa aparece de nuevo. Cuantas veces tu jefe no te ha hecho dueñ@ de sus errores y te pide solucionarlo so pena de empezar a tomar medidas radicales. Pero aquí entra en juego algo mas, es tu trabajo y tu ingreso, no puedes hacer como con el novio que le sueltas las lagrimitas y te pide perdón  no,  aquí es algo mas lo que pones en riesgo  si no aceptas la culpa de alguien más. Es dejar que el “valiente” siga viviendo. Hasta que te armas de valor y decides dejar algo que no te conviene para buscar lo que permita revalorarte y, por supuesto, encontrarlo.

Es evidente que hemos cometido errores en el pasado, como todo el mundo. Todos podemos recordar acciones que desearíamos no haber hecho o palabras que preferiríamos no haber pronunciado. Recordar los errores del pasado es útil sólo cuando aprendemos de ellos. Mirar atrás para aumentar el sentimiento de culpa supone un gran derroche de energía. Sería mucho mejor darle la vuelta a esa energía y emplearla para algún propósito más positivo. Como el dejar de ser  “cobardes” y empezar a tomar decisiones que sean en nuestro beneficio, principalmente, sin afectar los intereses de los demás.