
Si bien es cierto el desarrollarse profesionalmente, tener un sueldo muy atractivo y el reconocimiento a los logros es algo muy satisfactorio, la otra cara de la moneda es algo no muy agradable: trabajar hasta tarde, incluso fines de semana, soportar la presión de fechas límite, aguantar al jefe en sus ratos de histeria y miles de reuniones.
Ahora eso de trabajo tranquilo en ciudad pequeña tampoco es del todo cierto, digamos que sigue siendo lo mismo que un trabajo en la gran ciudad solo que en menor escala.
Mi amigo trabaja en una agencia de camiones, su trabajo es el de atender a clientes para servicio y garantías. Le llegan camiones con todo tipo de carga: refrescos, hielo, lácteos, fruta fresca, materiales de construcción, en fin de todo; aunque es más conveniente cuando llega algo comestible. El stress existe en gran medida pero sigue siendo manejable, trabajando horas extra a veces. Pero un factor detono que hubiera más presión de la que se podía imaginar.
Hace poco cambiaron al gerente de la agencia y suponía que era para mejorar los aspectos que no andaban bien con el anterior, pero Oh, sorpresa! Fue todo lo contrario. El gerente “nuevo” comenzó a gritar y exigir, más que organizar y planear.
La relación jefe-empleado comenzó a tomar tintes graves cuando a mi amigo le llego la invitación para la reunión anual de encargados de servicios y garantías del grupo al que pertenece su agencia, su jefe no quería dejarlo ir, pero después de mucho estira y afloja accedió, sin embargo, la condición, absurda por cierto, era que consiguiera a alguien que se quedara en su lugar.
Y se fue a Los Cabos a su reunión. Tomo todas las fotos posibles, en el avión, en el hotel, en la playa, en la reunión, con los compañeros, en el mar y de regreso. Mi amigo tiene la peculiaridad de que cuando esta sobre-estresado se le hacen dos arrugas grandes en la frente y en todas las fotos no tenía ni una sola arruga, jajajaaja yo le llamaría el efecto “viaje todo pagado sin presiones de trabajo”.
Pero, nada más llegar el lunes a la oficina, surgieron esas arrugas. La bienvenida fue miles de quejas y papeles en su escritorio, los gritos del jefe y clientes pidiéndole auxilio porque sus camiones no eran atendidos. Después de una semana la presión era demasiada por parte del jefe, me comentaba que era más lo que estorbaba que lo que ayudaba.
Hace una semana presentó su renuncia. Hoy en día le pidieron que no se fuera, que no pueden perder un elemento como él y que lo van a reubicar en otra de las empresas del grupo.
El otro ejemplo es de la ciudad grande.

El ya tiene un tiempo que empezó a acumular jefes, hoy en día tiene cuatro y los cuatro le exigen como si fueran los únicos, aunado a que le están dando responsabilidades de todo tipo, no solo del área o áreas adonde pertenece.
Le paso algo similar a mi otro amigo, le toco ir de viaje a Monterrey por cuestiones de trabajo, igual le sirvió para distraerse un rato y conocer a las personas con las que trata por teléfono. Pero cuando regreso su bienvenida fue “ponte a hacer inventario”.
Dice que va acumulando culpas de otros y por consiguiente regaños injustificados. No se siente valorado, ni que se reconozcan sus logros, que han sido varios e importantes para la empresa. Es mucho el stress y la peor parte es que le está afectando tanto su salud como su carácter.
En pláticas recientes es recurrente su sentimiento de frustración, mezclado con enojo y sarcasmo.
La cuestión aquí no radica si vives en una ciudad grande o pequeña, sino en lo que nos toca pasar, aguantar e incluso padecer por asuntos laborales. Las empresas como bien dicen son organizaciones que crecen y caminan contigo o sin ti; “nadie es indispensable”. Sin embargo, las personas son la esencia de las empresas, tener excelente personal capacitado, dispuesto a trabajar y ponerse la camiseta depende de quien los dirija, quien los oriente y motive, no de quien los mande, exija y culpe de todo lo malo que pasa.
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